La cosmogonía de Tolkien: la creación del mundo según El Silmarillion
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El universo de J.R.R. Tolkien no se limita a El Señor de los Anillos. Sus cimientos se encuentran en El Silmarillion, una obra mitológica que detalla la creación del mundo y la historia de las Edades Antiguas. Inspirado en relatos bíblicos y mitológicos, Tolkien desarrolla una cosmogonía única, donde la música, la luz y el destino juegan un papel central.
Eru Ilúvatar y la Gran Música
Todo comienza con Eru Ilúvatar, el Ser supremo, creador del universo, al que llama Eä. Antes de la creación del mundo, Ilúvatar engendra a los Ainur, espíritus poderosos semejantes a los ángeles, que participan en la concepción del mundo a través de una gran sinfonía.
Ilúvatar les propone un tema musical que deben desarrollar juntos. Sin embargo, uno de los Ainur más poderosos, Melkor, intenta imponer su propia melodía, sembrando la discordia. A pesar de estas disonancias, Ilúvatar introduce nuevos motivos, mostrando que incluso las perturbaciones se integran en su plan divino.
El nacimiento de Arda y los Valar
Después de la sinfonía, Ilúvatar da existencia física a la visión musical de los Ainur al crear Arda, el mundo donde se desarrollarán los acontecimientos de El Silmarillion y El Señor de los Anillos.
Algunos Ainur, llamados Valar, descienden a Arda para dar forma al mundo. Entre ellos:
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Manwë, rey de los Valar y señor de los vientos,
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Varda, reina de las estrellas, adorada por los Elfos,
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Ulmo, señor de las aguas,
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Yavanna, protectora de la naturaleza,
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Aulë, herrero y creador de los Enanos,
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Melkor, el rebelde, que se convierte en Morgoth, el primer Señor Oscuro.
Melkor, celoso y ávido de poder, corrompe el mundo desde su formación, creando un desequilibrio que provocará numerosas guerras y sufrimientos.
Las dos grandes luces y la caída de Melkor
Antes de la aparición del Sol y la Luna, Arda estaba iluminada por dos gigantescas lámparas creadas por los Valar: Illuin y Ormal. Melkor las destruye, sumiendo al mundo en la oscuridad. Los Valar se refugian entonces en Aman, donde modelan los Dos Árboles de Valinor, Telperion y Laurelin, que se convertirán en la fuente de luz del mundo.
Melkor, con la ayuda de Ungoliant, una criatura arácnida monstruosa, destruye estos árboles y roba los Silmarils, tres joyas creadas por Fëanor, que contenían su luz. Esta traición marca el inicio de las guerras contra Morgoth.
La aparición de los Elfos y los Hombres
Después de estos eventos, los primeros Elfos despiertan a orillas del lago Cuiviénen. Los Valar intentan protegerlos de Melkor y los invitan a Valinor. Sin embargo, algunos se niegan y permanecen en la Tierra Media, formando diferentes linajes élficos.
Los Hombres aparecen más tarde, durante la Primera Edad. Su destino es único: a diferencia de los Elfos, que son inmortales mientras no mueran, los Hombres son mortales y poseen un futuro desconocido, incluso para los Valar.
El destino de la creación
La cosmogonía de Tolkien se basa en una tensión entre la predestinación y el libre albedrío. Aunque el mundo sigue la visión de Ilúvatar, las criaturas que lo habitan conservan una parte de libertad en sus elecciones, lo que hace que sus luchas y sacrificios sean aún más significativos.
Conclusión
La creación del mundo según El Silmarillion ofrece un profundo marco mitológico al universo de Tolkien. A través de la Música de los Ainur, las luchas entre la luz y las tinieblas, y la aparición de las razas de la Tierra Media, Tolkien construye un relato épico que trasciende la simple fantasía y se inscribe en la tradición de las grandes mitologías. Esta riqueza confiere a su obra una profundidad inigualable, donde cada elemento del mundo posee una herencia arraigada en esta génesis cósmica.